LA  BIBLIA  DE  JEFFERSON  O  LA  VIDA 
Y  MORALEJAS  DE  JESÚS DE  NAZARET



CAPÍTULO III

ENSEÑANZAS Y PARÁBOLAS

  1 Guardáos de hacer vuestra justicia delante de los hombres, para ser vistos por ellos. De lo contrario, no tendréis recompensa de vuestro Padre que está en los cielos.
  2 Cuando, pues, hagas obras de misericordia, no hagas tocar trompeta delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser honrados por los hombres. De cierto os digo que ellos ya tienen su recompensa.
  3 Pero cuando tú hagas obras de misericordia, no sepa tu izquierda lo que hace tu derecha,
  4 de modo que tus obras de misericordia sean en secreto. Y tu Padre que ve en secreto te recompensará.

  5 Cuando oréis, no seáis como los hipócritas, que aman orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos por los hombres. De cierto os digo que ya tienen su recompensa.
  6 Pero tú, cuando ores, entra en tu habitación, cierra la puerta y ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en secreto te recompensará.
  7 Y al orar, no uséis vanas repeticiones, como los gentiles, que piensan que serán oídos por su palabrería.
  8 Por tanto, no os Hagáis semejantes a ellos, porque vuestro Padre sabe de qué cosas tenéis necesidad antes que vosotros le pidáis.
  9 Vosotros, pues, orad así: Padre nuestro que estás en los cielos: santificado sea tu nombre,
10 venga tu reino, sea hecha tu voluntad, como en el cielo así también en la tierra.
11 El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy.
12 Perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores.
13 Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal. Porque tuyo es el reino, el poder y la gloria por todos los siglos. Amén.
14 Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, vuestro Padre celestial también os perdonará a vosotros.
15 Pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas.

  16 Cuando ayunéis, no os hagáis los decaídos, como los hipócritas, que descuidan su apariencia para mostrar a los hombres que ayunan. De cierto os digo que ya tienen su recompensa.
17 Pero tú, cuando ayunes, unge tu cabeza y lávate la cara,
18 de modo que no muestres a los hombres que ayunas, sino a tu Padre que está en secreto. Y tu Padre que ve en secreto te recompensará.

19 No acumuléis para vosotros tesoros en la tierra, donde la polilla y el óxido corrompen, y donde los ladrones se meten y roban.
20 Más bien, acumulad para vosotros tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el óxido corrompen, y donde los ladrones no se meten ni roban.
21 Porque donde esté tu tesoro, allí también estará tu corazón.
22 La lámpara del cuerpo es el ojo. Así que, si tu ojo está sano, todo tu cuerpo estarlleno de luz.
23 Pero si tu ojo es malo, todo tu cuerpo estará en tinieblas. De modo que, si la luz que hay en ti es oscuridad, ¡Cuán grande es esa oscuridad!

24 Nadie puede servir a dos señores; porque aborrecerá al uno y amará al otro, o se dedicará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas.
25 Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que ;el alimento, y el cuerpo más que el vestido?
26 Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y  vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No sois vosotros de mucho más valor que ellas?
27 ¿Quién de vosotros podrá, por más que se afane, añadir a su estatura un codo?
28 ¿Por qué os afanáis por el vestido? Mirad los lirios del campo, cómo crecen. Ellos no trabajan ni hilan;
29 pero os digo que ni aun Salomón, con toda su gloria, fue vestido como uno de ellos.
30 Si Dios viste así la hierba del campo, que hoy está y mañana es echada en el horno, ¿no hará mucho más por vosotros, hombres de poca fe?
31 Por tanto, no os afanéis diciendo: ¿Qué comeremos? o ¿Qué beberemos? o ¿Con qué nos cubriremos?
32 Porque los gentiles buscan todas estas cosas, pero vuestro Padre que está en los cielos sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas.
33 Más bien, buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.
34 Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su propio afán. Basta a cada día su propio mal.

35 No juzguéis, para que no seáis juzgados.
36 Porque con el juicio con que juzgáis seréis juzgados, y con la medida con que medís se os medirá.
37 Dad, y se os dará; medida buena, apretada, sacudida y rebosante se os dará en vuestro regazo. Porque con la medida con que medís, se os volverá a medir.
38 ¿Por qué miras la brizna de paja que está en el ojo de tu hermano, y dejas de ver la viga que está en tu propio ojo?
39 ¿Cómo dirás a tu hermano: Deja que yo saque la brizna de tu ojo, y he aquí la viga está en el tuyo?
40 ¡Hipócrita! Saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces podrás ver para sacar la brizna del ojo de tu hermano.

41 No deis lo santo a los perros, ni echéis vuestras perlas delante de los cerdos, no sea que las pisoteen y después se vuelvan contra vosotros y os despedacen.
42 Pedid, y se os dará. Buscad y hallareis. Llamad, y se os abrirá.
43 Porque todo el que pide recibe, el que busca halla, y al que llama se le abrirá.
44 ¿Qué hombre hay entre vosotros que, al hijo que le pide pan, le dará una piedra?
45 ¿O al que le pide pescado, le dará una serpiente?
46 Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¿Cuánto s vuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que le piden?
47 Así que, todo lo que queráis que los hombres hagan por vosotros, así también haced por ellos, porque esto es la Ley y los Profetas.

48 Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y son muchos los que entran por ella.
49 Pero ¡qué estrecha es la puerta y qué angosto el camino que lleva a la vida! Y son pocos los que la hallan.

50 Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros vestidos de ovejas, pero que por dentro son lobos rapaces.
51 Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos o higos de los abrojos?
52 Así también, todo árbol sano da buenos frutos, pero el árbol podrido da malos frutos.
53 El árbol sano no puede dar malos frutos, ni tampoco puede el árbol podrido dar buenos frutos.
54 Todo árbol que no lleva buen fruto es cortado y echado en el fuego.
55 Así que, por sus frutos los conoceréis.
56 El hombre bueno del buen tesoro saca cosas buenas, y el hombre malo del mal tesoro saca cosas malas.
57 Pero yo os digo que en el Día del juicio los hombres darán cuenta de toda palabra ociosa que hablen.
58 Porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado.

59 Cualquiera, pues, que me oye estas palabras y las hace, será semejante a un hombre prudente que edificó su casa sobre la peña.
60 Y Cayó la lluvia, vinieron torrentes, soplaron vientos y golpearon contra aquella casa. Pero ella no se derrumbó, porque se había fundado sobre la peña.
61 Pero todo el que me oye estas palabras y no las hace, será semejante a un hombre insensato que edificó su casa sobre la arena.
62 Cayó la lluvia, vinieron torrentes, y soplaron vientos, y azotaron contra aquella casa. Y se derrumbó, y fue grande su ruina.
63 Y aconteció que cuando Jesús terminó estas palabras, las multitudes estaban maravilladas de su enseñanza;
64 porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas.




FUENTE:
1) WIKIPEDIA, La enciclopedia libre.
2) ESCÉPTICO, profesor universitario en Chicago.
3) Compilado por Thomas Jefferson y Corregido por Eyler Robert Coates, Sr.








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